Cuando surge el amor

En tiempos de familias monoparentales, separaciones, etc., hoy os quiero hablar de amor y es que, aunque todos venimos de vuelta, yo sigo creyendo en ese sentimiento que a todos nos sube a las nubes, nos hace más felices y nos nubla la razón.

Muchos de vosotros ya me conocéis, (para los que me estáis leyendo, soy Bea), algunos habéis pasado a formar parte de mi vida y de mis amigos, otros tantos sólo conocéis mi voz o la multitud de emails que intercambiamos antes de un viaje y para otros muchos, yo soy vuestra primera toma de contacto en los viajes monoparentales.

Evidentemente, si hay algo en común entre todos vosotros, son las inquietudes que tenéis la primera vez que vais a realizar un viaje monoparental… Pero ¿Y si os contara que muchos coincidís al formular una pregunta? Cuando viajáis con vuestros hijos, dais mucha importancia a que no sea un viaje de ligoteo, es una duda que tienen muchos padres. Un viaje monoparental son unas vacaciones para divertirte con los enanos, para disfrutar de ellos, para hacer nuevos amigos y para enriquecernos el alma, riendo y disfrutando cada día de nuestras vacaciones. No nos planteamos el viajar con niños como el momento más indicado para encontrar el amor, ni se nos pasa por la cabeza pero… ¿Quién sabe dónde podemos volver a enamorarnos? El amor es algo que surge en el sitio más inesperado y aquí comienza la historia de un papá y una mamá que se conocieron en uno de nuestros viajes monoparentales.

“Nuestra historia comienza por separado, ninguno de los dos iba con la expectativa ni de buscar ni de encontrar nada, únicamente a pasar las vacaciones con nuestros respectivos hijos. Pero la primera noche, en el chiringuito, hicimos un buen grupo de seis papás y mamás, que congeniabamos fenomenal. Nos unían las cervecitas y las risas. Y lo cierto es que él y yo encajábamos muy bien.

Parece ser que yo le gusté desde el primer momento y él a mí me resultó interesante. Yo no me planteaba ningún tipo de relación, tenía entrega absoluta a mi hijo. Y además, 600kms nos separaban. Todo el resto del grupo lo tenía claro, pero nosotros no veíamos ningún tipo de posibilidad, de hecho en el viaje no mencionamos nada en absoluto de todo esto… únicamente hablábamos con miradas.

Al acabar el viaje, los seis hicimos un grupo de WhatsApp y seguimos en contacto. Envié una foto y todos me dijeron “Qué guapa estás, que bien se te ve…” ese tipo de cosas, todos menos él, así que bromeando le piqué y fue ahí cuando empezó a hablarme por privado.

Volvimos a finales de agosto y en la siguiente semana comenzaron nuestras conversaciones privadas y quince días más tarde, en el primer fin de semana que tuvo libre, vino a verme. Ese día sí que había nervios, era prácticamente como una cita a ciegas y con una distancia de 600 kilómetros. Pero no nos equivocamos, llevamos año y medio juntos desde entonces y, a pesar de la distancia y que tenemos muchas ganas de poder eliminar por fin los kilómetros que nos separan, apostamos por el amor y ganamos. Somos Felices juntos!!”

Y yo, que reconozco que soy una enamorada del amor, sólo os puedo decir que me encanta, que me alegro tanto cuando me contáis historias tan bonitas, que me alegro tantísimo por esa ilusión que tenéis… y que, en parte, saber que he sido participe en cierta forma, me enriquece el alma de que la gente que formáis parte de mí, en el sentido que sea, viváis historias increíbles con Vacaciones Monoparentales, porque al fin y al cabo, Vacaciones Monoparentales es una prolongación de mí misma.

Pdta: Este año no van a viajar en grupo monoparental (están de amor jijii), pero sí que siguen confiando en mí para que les gestione sus vacaciones ¡Gracias a los dos por dejarme compartir vuestra historia!

Una última cosa, si alguno deseáis que cuente vuestra historia sea de amor, anecdotas con los niños o con nuevas amistades que habéis hecho…, la mayoría tenéis mi email, pero sino aquí os lo dejo: beatriz@tuymilmas.com